El japonés falleció en el trabajo de un infarto y nunca más volvió a salir por la parada donde le esperaba cada día su amigo.
La gente que conocía la situación del perrito y la historia de este con su amigo fallecido se compadeció de el y le empezaron a alimentar intentando que se alejara de la parada, pero el no se quería mover de allí.
Este perro fiel estuvo esperando a su amigo durante diez años, nunca se apartó del lugar hasta que falleció.
Como reconocimiento a esta inmensa fidelidad se levantó una escultura conmemorativa al lado de la parada de metro donde este perro esperó durante diez años a su "amo".
La zona es una pequeña plaza en un barrio de Tokio donde todas las tardes se concentran grupos de jóvenes ya que también es un punto de encuentro. |